La insolvencia de Liwe Española, compañía textil propietaria de la marca Inside, ha situado de nuevo en primer plano el control judicial de los planes de reestructuración y, en particular, la correcta formación de clases de acreedores.
Según la información publicada, el Juzgado de lo Mercantil número 3 de Murcia ha denegado la homologación del plan de reestructuración de la compañía, que afectaba a un pasivo superior a 62 millones de euros. La resolución toma como referencia el conocido caso Hiperxel, utilizado en distintos procedimientos para valorar si la configuración de clases responde a intereses realmente diferenciados o si puede alterar artificialmente las mayorías necesarias.
El punto controvertido se sitúa en que la clase aprobatoria representaba un porcentaje muy reducido del pasivo afectado, mientras que la clase principal, integrada por la mayor parte de la deuda, no respaldó mayoritariamente el plan.
Lectura Adara Legal
La noticia es relevante porque confirma una tendencia: los planes de reestructuración no se juzgan solo por su utilidad económica, sino también por la transparencia del perímetro afectado, la justificación de las clases y el respeto a la igualdad sustancial entre acreedores.
La formación de clases no puede convertirse en una herramienta puramente estratégica para fabricar mayorías. En la práctica, la viabilidad de un plan exige una arquitectura jurídica muy cuidada y una explicación sólida de por qué unos créditos quedan afectados, otros excluidos y otros reciben un tratamiento diferenciado.
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